miércoles, 30 de octubre de 2013

La senda más poderosa para la superación y el perfeccionamiento


Desde siempre, las personas hemos tratado de buscar caminos de superación y de perfeccionamiento.
Detrás de nuestra búsqueda se encuentran la aspiración de conseguir la felicidad.
De alcanzar la serenidad y la paz espiritual.
De obtener la lucidez y la comprensión.
De elevar nuestro estado de energía.
De adquirir la fortaleza para vencer a nuestros adversarios.
De lograr el poder interior para dominarnos a nosotros mismos.
En términos científicos actuales, más prosaicos quizás, podríamos decir que lo que buscábamos era el cóctel químico cerebral perfecto, aquel que nos permitiese obtener todas estas cualidades descritas.
Porque al fin y al cabo, como ahora sabemos, lo que somos y la forma como nos sentimos está condicionado por el cóctel químico que predomina en nuestro cerebro en cada momento.
Así que sin saberlo de forma consciente, todos nuestros caminos de superación y perfeccionamiento buscan en última instancia mejorar nuestra neuroquímica cerebral.
Y de todas las cosas que podemos hacer para mejorar nuestra química cerebral, ninguna es tan eficaz y tan controlable por nosotros mismos como la elección de nuestro propio estilo de vida.
Trabajar directamente sobre nuestro cuerpo, modificando nuestro estilo de vida, es la forma más efectiva de incidir sobre nuestro medioambiente interno, sobre el caldo hormonal que se produce en nuestro cerebro.
Nuestros hábitos relativos a la dieta, sueño y ejercicio físico, afectan a nuestros equilibrios bioquímicos en mayor medida que casi cualquier otra cosa que podamos hacer.
Así que comencemos preguntándonos ¿estamos físicamente en la mejor forma posible?
A menudo tendemos a identificar la mala salud con el padecimiento de enfermedades graves que hayan sido diagnosticadas por una autoridad médica.
Sin embargo, muchas veces la mala salud se manifiesta en un conjunto de síntomas aparentemente menores que, pese a todo, suponen una seria indicación de que algo va mal.
No sólo en el plano físico, sino inevitablemente también en el correlativo plano emocional.
Por ejemplo, una investigación llevada a cabo en EE.UU. con 760 jóvenes entre 15 y 34 años muertos en accidentes de tráfico, reveló que, incluso ya desde esas edades tempranas, un porcentaje importante de la población presenta serios signos de deterioro físico.
El estudio mostró que uno de cada tres de estos jóvenes tenía colesterol malo, uno de cada seis tenía hipertensión, uno de cada siete era obeso y uno de cada 25 había desarrollado diabetes.
Ciertamente la salud no consiste sólo en la ausencia de enfermedades médicas oficialmente detectadas.
Pensemos en el ejemplo que nos ofrecen un animal libre en la naturaleza y en otro que vive enjaulado en el zoológico.
Tal vez ninguno de los dos esté oficialmente enfermo, pero mientras que el animal salvaje presentará habitualmente un aspecto esplendoroso, rebosante de salud y energía, el animal encerrado posiblemente tenga un aspecto lamentable, gordinflón, mortecino, endeble y apagado.
¿Qué aspecto tenemos nosotros y qué aspecto queremos tener?
La salud va más allá de la ausencia de enfermedades.
Nuestro cerebro tiene receptores para la detección del estado físico de los distintos órganos de nuestro cuerpo.
Y cuando detecta que éstos no están en buenas condiciones, el cerebro reacciona del mismo modo que lo hace ante cualquier otra situación de estrés.
En el plano emocional, esto significa un predominio de las emociones negativas y una atenuación de la capacidad para experimentar sensaciones de placer y felicidad.
Puede llegar un momento en el que como cantaban los Rolling Stones, sintamos que simplemente no podemos obtener satisfacción de ninguna de las formas.
Incluso un leve sobrepeso puede tener serias consecuencias emocionales negativas.
Hay estudios que indican que unos pocos kilos de exceso de grasa acumulada en la zona abdominal pueden tener efectos significativos en la salud física y emocional.
Se cree que la causa de este fenómeno podría ser que las células de grasa abdominal son más sensibles a los receptores de las hormonas de estrés en comparación con células en otros lugares del cuerpo.
¿Está nuestro abdomen liso y bien contorneado y nuestros glúteos duros?
Si nos apartamos demasiado de las condiciones de vida saludable, estaremos condenados a vivir estresados, a veces sin tan siquiera comprender las razones por las que esto sucede.
Mente y cuerpo están estrecha e inseparablemente conectados.
Mejorar nuestro estilo de vida es la senda más poderosa con la que contamos para desarrollar nuestro camino de perfeccionamiento.
Como dijo Henry James, “Es tiempo de comenzar a vivir la vida que hemos imaginado”.

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