
Sin embargo, puede llegar a
mortificarnos saber que nuestro compañero de la mesa de al lado gana un euro
más que nosotros por hacer exactamente las mismas funciones.
Y es que las personas tendemos a
evaluar nuestro bienestar económico en función de la comparativa con las
personas cercanas y no tanto en términos de retribución absoluta.
Así lo han avalado numerosos estudios
que muestran que, como empleados, tendemos a comparar nuestros niveles de
ingresos con aquellos otros empleados que están en nuestra misma categoría.
Y si la comparación salarial o
jerárquica respecto a estos compañeros es desfavorable, probablemente nos sintamos
menospreciados y desvalorizados por la empresa, no importa cuán elevado sea nuestro
nivel absoluto de ganancias.
Los economistas denominan a este
fenómeno “aversión a la inequidad”, y está considerado como una de las
principales causas de insatisfacción con el propio puesto de trabajo.
Tiene su fundamento en un sentido de
la justicia y la equidad que se sustenta en bases neurológicas con una raíz
genética común a toda la humanidad.
Este fenómeno se produce desde el
primer momento, e incluso antes de que el empleado empiece a trabajar en la
organización.
Así, en un experimento se preguntó a
un grupo de estudiantes cuál sería su nivel de satisfacción con un determinado
nivel salarial en su primer trabajo después de graduarse.
Se comprobó que la respuesta que
daban los estudiantes dependía básicamente de cómo les presentaban los niveles
salariales propuestos.
Un salario de 25.000 euros podía ser
considerado muy satisfactorio cuando aparecía en el segundo puesto en las
tablas salariales presentadas.
Pero ese mismo salario se consideraba
totalmente insatisfactorio si aparecía en una posición muy inferior de las
tablas.
Una vez que los empleados se integran
en la organización, las investigaciones indican que el ranking jerárquico y nivel
comparativo de los ingresos, tienen un 60% más de influencia sobre la
satisfacción de los empleados con su nivel de ganancias, que el propio nivel absoluto
de ganancias en sí mismo.
Incluso hay estudios que demuestran
que la satisfacción de los empleados con su puesto de trabajo disminuye cuando
se sube el sueldo de otros compañeros con los cuales se comparan.
Eso sucede incluso si su propio
salario se mantiene igual o también sube, pero en menor medida que el de los
otros compañeros.
En definitiva, las organizaciones y
los líderes que quieran mantener el respeto, la confianza y la lealtad de los
empleados, deberán esforzarse por aplicar la medida de la justicia de forma
equitativa y sin arbitrariedades.
Las normas deben ser parejas para
todos.
Pues como decía Dwight D. Eisenhower,
“Paz y justicia son dos caras de la misma moneda”.
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