
A continuación volvió a repetirse la
medición, pero esta vez se cambiaron ligeramente las condiciones del
experimento.
Se hizo que, cada vez que un viandante
pasaba cerca del músico, otro supuesto viajero, que en realidad era un
colaborador de los investigadores, se detuviese y depositase unas pocas monedas
en la gorra del músico.
El resultado es que el porcentaje de
personas que se detuvieron y donaron unas monedas al músico se multiplicó por
ocho.
Y es que los seres humanos estamos permanentemente influyendo en
los demás y siendo influidos por los demás.
La influencia humana afecta
virtualmente a todos los aspectos del comportamiento humano.
Si no existiese la influencia humana,
no existiría la moda.
Una persona adoptaría un nuevo estilo
de ropa, y ese estilo jamás se popularizaría porque nadie le imitaría.
Un grupo musical nunca llegaría a ser
famoso.
Un literato nunca vendería de forma
masiva.
Pero las cosas no funcionan así.
La demanda y la oferta de todos los
productos y servicios está afectada por la influencia humana.
Por eso, suele ser una buena táctica de
marketing transmitir la idea de que un determinado producto o servicio es muy
popular.
Esa es la razón por la se publican
regularmente listas de los discos y los libros más vendidos, o de las películas
más vistas.
Y cuando uno de estos productos
alcanza la categoría de best seller,
sus promotores se encargan de publicitar al máximo este hecho.
Son conscientes de que eso arrastrará
a muchos otros a seguir el ejemplo.
A la hora de elegir un restaurante donde
comer, una tienda donde comprar, o un médico al que acudir, preferimos que sean
establecimientos concurridos y con mucha gente.
En cambio, tendemos a evitar los lugares
vacíos o con poca gente.
Algunas discotecas, e incluso algunas
boutiques de moda, restringen el paso a los clientes para que se formen colas a
la entrada mientras el interior está casi vacío.
Saben que a menudo estas colas atraerán a
más personas a la hora de seleccionar el establecimiento al que irán esa noche
o en el que comprarán su ropa.
En el campo de los negocios, las empresas
saben que exponer una larga lista de clientes constituye un fuerte reclamo de
ventas.
También en las campañas publicitarias se
recurre frecuentemente al uso de datos y estadísticas que transmiten la idea de
que un determinado producto es preferido por un porcentaje mayoritario del
público.
Por ejemplo cuando utilizan expresiones
como: "el más vendido", "cuatro de cada cinco prefieren",
"un 80% manifiesta", etc.
Por supuesto, las estadísticas tienen la
virtud de poder ser presentadas de tal modo que siempre pueden ponerse al
servicio de una determinada causa.
Y además, ¿a quién le importa el asunto
tanto como para perder el tiempo poniéndose a averiguar la exactitud de
semejantes estadísticas?
Sea como fuere, lo cierto es que las
personas seguimos a las demás personas.
Y este es posiblemente el principio más poderoso de la influencia humana.
Recordarlo nos ayudará muchas veces a conseguir
nuestros propósitos persuasivos, al mismo tiempo que nos protegemos cuando
somos nosotros las víctimas de intentos persuasivos no deseados.
Como dijo una vez Cialdini, “Si quieres que
un niño de 6 años haga algo, déjale que descubra otro niño de 6 años
haciéndolo. Lo que hacen los grupos similares es lo que importa”.
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