
La tercera parte que
invertimos en dormir tiene una enorme influencia sobre la calidad de vida de
las otras dos terceras partes que pasamos en vigilia.
Condiciona nuestros
niveles de energía, nuestros estados de ánimo, nuestra creatividad, nuestra
agudeza mental, nuestra memoria, nuestra productividad y hasta nuestro peso
corporal.
Dormir bien es uno de los
métodos más efectivos para elevar nuestro nivel de vigor, energía y bienestar.
En cambio, existe una
amplia documentación que sugiere que la reducción de las horas dedicadas al
sueño genera una variedad de problemas relacionados con las capacidades no sólo
físicas, sino también intelectuales de las personas.
Se cree que estos efectos
podrían estar relacionados con los problemas que la falta de sueño provoca en
los procesos de generación de nuevas neuronas y conexiones sinápticas.
Este proceso es
fundamental para los procesos de mantenimiento y regeneración natural del
cerebro y para la realización de tareas como la consolidación del aprendizaje.
Cuando aprendemos, se produce
un cambio físico a nivel sináptico en las neuronas de nuestro cerebro.
En un primer momento,
interviene la región cerebral del hipocampo para fabricar los recuerdos.
Pero después, esta
información se transfiere a otras partes del cerebro para su almacenamiento
definitivo a largo plazo.
Esta actividad implica un
traslado físico de proteínas de unas a otras partes del cerebro.
De alguna forma es como
si se cambiase de sitio lo aprendido para almacenarlo en una zona más segura y
accesible.
Este proceso, en el cual
el cerebro procesa la información diaria y almacena los recuerdos en los
anaqueles de la memoria, tiene lugar fundamentalmente durante las fases de
sueño REM.
Los sueños, que tienen
lugar durante la fase REM, constituyen el principal mecanismo que utiliza el
cerebro para llevar a cabo la reordenación neuronal que tiene que ver con el
aprendizaje.
El contenido de lo que
soñamos estaría por tanto relacionado con las vivencias y aprendizajes que
hemos adquirido recientemente, durante el proceso nocturno de traslado de la
información desde una región cerebral a otra, para su archivo permanente.
También se cree que el
sueño cumple una función en la eliminación de la información sobrante que no se
grabará en la memoria a largo plazo y que será borrada para siempre a fin de
evitar un colapso del sistema de almacenamiento cerebral.
En definitiva, durante el
sueño se produce una cierta reordenación de la información que guardamos en
nuestro cerebro, fortaleciéndose las asociaciones relevantes y debilitándose
las asociaciones irrelevantes, mejorándose de este modo el acceso a los
recuerdos.
Este papel clave que
desempeña el sueño en las funciones de la memoria y el aprendizaje explicarían
porqué, según han demostrado las investigaciones, se recuerda mejor la lección
que se ha estudiado después de haber dormido lo suficiente.
O por qué se mejora la
capacidad de tocar un instrumento musical o de realizar un salto de acrobacia
que se ha aprendido durante el día, después de haber reforzado la memoria
muscular durante el sueño nocturno.
O por qué a menudo se encuentran
nuevas soluciones e ideas creativas al despertarse, después de haberse estado “peleando”
con un problema durante la vigilia anterior.
Así asegurémonos de no
robar horas al sueño para no dejar nunca de soñar.
Sin sueño suficiente,
todos nos convertimos en niños pequeños de elevada estatura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario