martes, 6 de agosto de 2013

No dejes que los ánimos oscuros tomen el mando

voluntad y energíaDe entre los muchos propósitos de cambio que las personas nos planteamos continuamente llevar a cabo, una de las iniciativas que mayores tasas de fracaso suele cosechar, son las dietas de hambre para adelgazar.
Podemos iniciar este tipo de dietas con la más firme voluntad de continuar en el empeño hasta conseguir nuestro objetivo de rebajar algunos kilos de peso.
Pero a medida que pasan los días, vemos que nuestra voluntad no deja de debilitarse y que cada vez nos sentimos con menos fuerzas para continuar adelante.
Nos empezamos a sentir fatigados, nuestra energía comienza a escasear y nos volvemos cada vez más irritables.
Paradójicamente, es el éxito de nuestro empeño de no comer lo que acaba provocando el debilitamiento de nuestra voluntad que finalmente nos empujará a abandonar la dieta.
Nuestra dieta de hambre, al reducir nuestros niveles de energía corporal en forma de glucosa, tiene el efecto colateral de disminuir nuestra fuerza de voluntad. 
Y es que la glucosa, que obtenemos de la comida que tomamos, es la fuente casi única de energía para el cerebro.
Cuando el suministro de glucosa es inadecuado el funcionamiento del cerebro se ve dificultado.
En su intento de ahorrar energía cuando ésta escasea, el cerebro tiende a evitar aquellas funciones que requieren un mayor gasto energético.
Y los procesos de autocontrol son ejercicios agotadores y que consumen mucha energía.
Hasta el momento se han llevado a cabo más de 50 estudios diferentes que apoyan la idea de que el ejercicio de autocontrol consume una gran cantidad de energía.
Esta reducción del nivel de energía lleva a un ulterior debilitamiento temporal de la capacidad de autocontrol, dificultando sus mecanismos. 
Como resultado, nos costará mucho tanto llevar a cabo tareas previamente planificadas, como oponernos a los impulsos del momento.
Y esto hará más probable que fracasemos en el ejercicio de la voluntad, tanto si se trata de seguir una dieta de hambre como si es cualquier otro tipo de empeño.
En general, siempre que nuestro cerebro esté agotado, nuestra voluntad se debilitará,  seremos menos capaces de resistir las tentaciones y los impulsos indeseables, y tendremos a tomar peores decisiones.
Así que asegurémonos de que nuestra condición física y mental nos habilite para mantener un estado de elevada energía a lo largo de todo el día.
El mero hecho de elevar nuestro nivel de energía hará que nuestra voluntad se fortalezca y seamos más capaces de aplicar nuestros planes y resistir las tentaciones no deseadas.
No dejemos que los ánimos oscuros tomen el mando, porque eso sería garantizar el fracaso de cualquier iniciativa.
Formemos el hábito de tomar nuestras decisiones cuando nuestro espíritu esté fresco, nuestro ánimo brioso, y nuestra energía se encuentre en un punto elevado.

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