
Se comprobó que las personas se
detenían a leer los artículos y editoriales que reforzaban sus ideas políticas,
previamente expresadas.
En cambio tendían a ignorar y
saltarse todas aquellas noticias y artículos de opinión que contradecían dichas
ideas previas.
En psicología a esto se le denomina
"cierre cognitivo".
Significa que a menudo las personas
tendemos a observar el mundo desde una sola perspectiva.
Y filtramos consciente o
inconscientemente toda información que no encaje con nuestros modelos previos,
rechazando o ignorando lo que se sale de nuestros esquemas.
Las personas comenzamos a construir nuestro
armazón de creencias, esquemas y actitudes desde el momento en que nacemos, de
un modo casi siempre involuntario.
Una vez que hemos formado este
armazón de actitudes y esquemas mentales, tendemos a resistirnos a cambiarlas,
ya que nos sirven para describir el mundo y para guiar nuestras decisiones.
Por supuesto, existen grandes variaciones
individuales en la disposición a ampliar o cambiar las perspectivas mentales
previas, pero en general la mente humana suele ser conservadora.
Cuando la información que llega a
nuestro cerebro no coincide con las creencias que tenemos almacenadas en
nuestra memoria, tendemos a resolver el conflicto a favor de las creencias ya
instaladas.
Ignoramos, ponemos en duda o incluso
adulteramos lo que contradice nuestras expectativas.
Mientras que recibimos con agrado lo
que resulta acorde o congruente con nuestras creencias previas.
Este hecho tiene una gran relevancia
en el ámbito de la influencia y la comunicación persuasiva.
Implica que si nuestros mensajes chocan
con la información previa que tenía nuestra audiencia, es fácil que sean vistos
como poco creíbles y produzcan un rechazo inicial.
En cambio, si nuestros mensajes son similares,
cercanos o compatibles con las creencias y los gustos que nuestra audiencia tenía
previamente establecidos, será mucho más fácil que sean aceptados y produzcan un
efecto persuasivo.
Así que para conseguir nuestros
propósitos de influencia, muchas veces tenemos que comenzar por intentar ampliar
el ámbito de aceptación de los receptores.
Por ejemplo, podemos intentar primero
concordar en una posición neutra respecto a la cual los receptores no sientan
especial rechazo ni aceptación.
Y a partir de aquí, podemos intentar ampliar
su ámbito de aceptación para un segundo intento persuasivo.
Supongamos, por ejemplo, que queremos
convencer a un auditorio remiso a incorporar a su dieta las papayas, por
resultarles una fruta nueva y desconocida.
Podemos comenzar pregonando los
puntos favorables al consumo de la fruta en general, mencionando que tiene buen
sabor, que es saludable, que es natural o que contiene nutrientes
imprescindibles.
Es fácil que nuestra audiencia coincida
con estos puntos poco controvertidos y que la mayoría de la gente está
dispuesta a aceptar.
A partir de aquí, será relativamente sencillo
trasladar la idea de que las papayas, que al fin y al cabo sólo son una clase
de fruta, se benefician de estas mismas cualidades positivas.
Lo que siempre debemos recordar es
que, generalmente hablando, la mayoría de las personas solo pueden ser influenciadas
por ideas que sus mentes están predispuestas a aceptar.
Así que, casi siempre, nuestro mejor
argumento será aquel que parezca solo una explicación respecto a las ideas
previas que nuestra audiencia ya había aceptado.
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