jueves, 18 de julio de 2013

El poder creativo del sueño

Frederick Grant Banting se graduó en medicina en la Universidad de Toronto en 1919.
Durante varios años trabajó como cirujano ortopédico en un hospital infantil.
Sin embargo, su mayor interés estaba en el campo de la endocrinología.
Especialmente tenía un interés casi obsesivo en torno a la fatal enfermedad de la diabetes, que impide que el cuerpo sea capaz de quemar azúcar para obtener energía.
Por aquella época la mayoría de los médicos consideraban que era prácticamente imposible encontrar un tratamiento para esta enfermedad.
Pero Banting tenía algunas fuertes corazonadas sobre cómo podría solucionar el problema, basadas en algunos trabajos científicos sobre el páncreas y la diabetes que había leído.
Para probar sus corazonadas, Banting decidió renunciar a la práctica médica y dedicarse de lleno a la investigación en un pequeño laboratorio de Toronto.
Muchos de sus conocidos le advirtieron que su decisión equivalía prácticamente a un suicidio profesional.
Sin embargo, él creía que podía estar en el camino adecuado para poder salvar muchas vidas.
Se incorporó al laboratorio y, con los modestos medios disponibles, se dedicó intensamente a la investigación.
Al principio sus intentos de aislar la hormona de la insulina, con la cual esperaba poder controlar el metabolismo del azúcar, fracasaron.
Pronto, las deudas y los problemas financieros comenzaron a cernirse amenazadoras sobre Banting y su familia.
Pero entonces una noche, cuando estaba durmiendo, se levantó sonámbulo y escribió unas palabras en un papel.
Al día siguiente, sin recordar lo que había sucedido la noche anterior, leyó el texto que había escrito.
Decía: “Ligar el conducto deferente del páncreas de un perro de laboratorio, esperar varias semanas hasta que la glándula se atrofie, cortar, lavar y filtrar la secreción”.
Banting comprendió que su cerebro inconsciente había seguido trabajando durante el sueño y de alguna forma había conseguido encontrar la solución que hasta entonces se le había escapado.
Aplicó el procedimiento descrito, aisló la insulina y la aplicó a perros diabéticos. Casi de inmediato sus niveles de azúcar en sangre descendieron y los síntomas de la enfermedad desaparecieron.
Después aplicó la misma técnica con personas, obteniendo los mismos resultados.
Pronto comenzó a producirse insulina a gran escala.
En 1923 Banting recibió el premio Nobel de Medicina y Fisiología por su descubrimiento y el Parlamento canadiense le nombró Caballero por el Imperio Británico.
La experiencia de Banting concuerda con las experiencias de muchos otros científicos y artistas sobre la eficacia creativa de “consultar con la almohada”.
A menudo, un problema que parece difícil y complejo por la noche se resuelve con facilidad por la mañana tras haber estado mentalmente ocupado con él durante las horas de sueño.
Y es que el sueño resulta clave en funciones como la memoria, el aprendizaje, la creatividad y la resolución de problemas.
Mientras dormimos, nuestra actividad cerebral se mantiene al menos en un 80%, a pesar de que los canales de información sensorial están cerrados y las órdenes motoras bloqueadas.
Esta actividad mental inconsciente resulta especialmente valiosa desde el punto de vista creativo, porque durante la misma se producen una serie de procesos de consolidación cerebral.
Como resultado a menudo el cerebro reordena la información que ya tenía, haciendo visibles asociaciones que hasta entonces habían estado ocultas.
Y ello a su vez puede llevar a un conocimiento consciente que hasta entonces no había sido evidente.
Estos efectos valiosos del sueño sólo se producen cuando hemos estado “peleando” con el problema durante la vigilia anterior.
El sueño, como mecanismo de pensamiento inconsciente, es uno de los instrumentos de creatividad más poderosos de los que disponemos.
Dormir es  nuestra mejor meditación.

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