miércoles, 5 de junio de 2013

El secreto de Sherlock Holmes

Si le preguntamos a cualquier persona cuál era, en su opinión, el mayor super-poder con el que contaba Sherlock Holmes, el legendario detective literario creado por Arthur Conan Doyle, lo más probable es que la mayoría nos respondan que sus habilidades de observación.
El gran Sherlock, nos imaginamos, había perfeccionado a tal punto sus habilidades de observación, que era capaz de captar el más mínimo detalle de cuanto acontecía a su alrededor.
Pero repasemos la siguiente narración que hace el doctor Watson en una escena de la novela Estudio en Escarlata:
“…mi sorpresa llegó al máximo cuando supe que Sherlock desconocía que la Tierra girase alrededor del Sol. El que una criatura humana desconociese este hecho en el siglo XIX se me antojó tan extraordinario que apenas podía creerlo”.
“Parece usted sorprendido” dijo Sherlock sonriendo ante mi expresión de sorpresa. “Ahora que lo sé haré lo posible por olvidarlo…”.
“¡Pero el sistema solar!”, protesté.
“¿Qué diantres me importa?”, me interrumpió impacientemente. “Usted dice que giramos alrededor del Sol. Me importaría lo mismo que girásemos alrededor de la Luna”.
En una primera lectura de esta escena podemos quedarnos tan sorprendidos como el bueno de Watson. ¿Sherlock, el paradigma del super-poder de la observación, desconocía un hecho tan elemental como que la Tierra gira alrededor del Sol?
Pero si reflexionamos un poco en torno a la cuestión, puede que no resulte tan sorprendente. 
Puede que incluso esta circunstancia nos dé una pista sobre el verdadero super-poder de Sherlock Holmes.
Pensemos que nuestro cerebro inconsciente está operando todo el tiempo, dedicado a monitorizar los millones de estímulos visuales, auditivos, olfativos o de otro tipo que llegan incesantemente a nuestro cerebro.
En esta ingente labor de monitorización de nuestro entorno, nuestro cerebro descartará la inmensa mayor parte de la información, utilizando tan sólo una minúscula parte de la misma cuando interprete que existe algún elemento que puede ser una potencial oportunidad o amenaza.
Sólo en ese momento reclamará nuestra atención consciente y entonces, en unos microsegundos, abandonaremos las abstracciones en que nos hallásemos, y toda nuestra atención consciente se centrará de golpe en la situación que requiere nuestra atención.
Pues bien, al contrario de lo que pudiésemos creer, la máxima eficiencia del cerebro se consigue no cuando captamos todos los detalles posibles de nuestro entorno, por pequeños e insignificantes que sean, sino justamente cuando sucede lo contrario.
Según un reciente estudio realizado por el investigador Michael Melnick, de la Universidad de Rochester, las personas con el más alto índice de inteligencia son los que peores resultados obtienen en las pruebas para la captación de movimientos o detalles no esenciales.
Estas personas con puntuaciones más altas en las pruebas de inteligencia son más capaces de filtrar las distracciones de fondo innecesarios, concentrándose en el primer plano y obviando los movimientos y distracciones irrelevantes.
Así que, retomando la historia de Sherlock Holmes, su verdadero secreto no consistía en observar mucho, sino justamente al contrario, en filtrar todo aquello que resultaba irrelevante para sus particulares propósitos, incluso si se trataba de ignorar el hecho elemental de que la Tierra gira alrededor del Sol…

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