martes, 25 de junio de 2013

El secreto de los grandes maestros

Cuando observamos determinadas personas que alcanzan un nivel de maestría en alguna práctica profesional, a menudo tendemos a pensar que “nacieron para ello”.
Pero en realidad nadie nace siendo un genio del tenis, un portento del piano, un prodigio de las finanzas o un maestro del ajedrez.
Se han realizado numerosos estudios exhaustivos a lo largo de varias décadas de seguimiento de los progresos de algunas personas en determinados ámbitos profesionales.
Y todos parecen apuntar en la misma dirección.
Lo que nos indican estos estudios es que la práctica es el ingrediente esencial del éxito.
Casi siempre existe una relación directa entre el número de horas dedicadas a la práctica y el nivel de desempeño alcanzado.
Cuando se compara, mediante una medición minuciosa, el número de horas dedicadas a la práctica por las personas que mejores resultados obtienen en una determinada disciplina, con el número de horas dedicadas por las personas menos hábiles, se comprueba casi siempre que los primeros han dedicado, como media, muchas más horas al entrenamiento en esa disciplina que los segundos.
Muchas más horas significa muchas, muchas más horas.
De acuerdo con diferentes estudios, para alcanzar un grado de maestría en cualquier actividad se requiere un tiempo mínimo de 10 años o el equivalente a unas 10.000 horas de práctica.
Son el esfuerzo y el entrenamiento los verdaderos precursores del éxito…, siempre y cuando se realicen convenientemente.
No es posible llegar a ser un maestro en ningún campo de actividad sin haber dedicado primero los años y las horas de práctica necesarias.
Pero tampoco la práctica y el trabajo duro garantizan necesariamente alcanzar la maestría, si no se realizan de forma correcta.
Hay personas que se dedican durante 50 años a hacer lo mismo y apenas mejoran.
Y otras en cambio son incluso capaces de acortar el tiempo requerido de 10 años o 10.000 horas de prácticas para convertirse en maestros.
La razón por la que la mayoría de las personas se estanca pese a los largos años de práctica es que tienden a repetir mecánicamente las mismas cosas que han aprendido en el pasado.
En el momento en que alcanzan un nivel aceptable de desempeño en su profesión, dejan de esforzarse por mejorar, y se empantanan en su zona de comodidad.
Los maestros llegan a serlo porque realizan un esfuerzo sostenido y deliberado de práctica dirigida a mejorar su rendimiento individual en su campo de actuación.
La práctica deliberada implica utilizar los circuitos cerebrales que manejan la intención consciente, en lugar de utilizar los circuitos cerebrales que manejan la conducta inconsciente.
Y eso implica un mayor gasto energético.
Dado que prestar una atención consciente y deliberada a las tareas de aprendizaje consume esfuerzo y energía, la mayoría de las personas tienden a pasar a un estado de ejecución automática tan pronto como alcanzan un nivel de desempeño aceptable.
Sin embargo, los mejores profesionales de cualquier otro tipo de especialización siguen intentando mejorar cada pequeño detalle de su ejecución.
No importa lo bien que lleguen a hacerlo, incluso cuando han alcanzado el reconocimiento y el liderazgo en sus campos de actividad, siguen queriendo mejorar.
Se resisten a estancarse en su zona de comodidad y tratan de contrarrestar la tendencia a automatizar demasiado pronto las experiencias aprendidas.
Buscan siempre hacer las cosas un poco mejor de cómo las están haciendo.
Este esfuerzo y dedicación extra es lo que les confiere la ventaja frente a otras personas.
La práctica deliberada. Ese es el secreto de los grandes maestros.

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