sábado, 29 de junio de 2013

El poder de la palabra

Desde épocas inmemoriales el hombre ha utilizado la tradición oral para comunicar a través del habla conocimientos, experiencia y tradiciones.
Para ello ha utilizado especialmente la técnica del relato, el cuento, el canto y los mitos.
Y todavía hoy en día estas técnicas, especialmente el relato, siguen siendo eficaces para transmitir el aprendizaje.
Y es que invocar las palabras adecuadas puede provocar en la psicología de quienes nos escuchan efectos muy potentes.
El lenguaje, hablado o escrito, tiene la capacidad de modular las emociones.
Por eso, los chamanes y los sacerdotes de cualquier religión evocan palabras sagradas con el fin de conseguir sus sortilegios.
Por supuesto, sus palabras no tienen el más mínimo poder sobre las cosas.
Pero tienen la capacidad de provocar efectos notables en las personas que las escuchan.
Cuando escuchamos, leemos, o pensamos una palabra, distintas áreas de nuestro cerebro decodifican los símbolos lingüísticos implícitos en esa palabra.
Y la interpretan y analizan a la luz de los archivos de nuestra memoria.
Dependiendo del contexto, de nuestra historia personal y de nuestro estado anímico actual, estas palabras producirán distintas evocaciones en nuestra mente.
Generarán asociaciones.
Activarán circuitos motivacionales.
Dispararán emociones.
Causarán sensaciones de placer o de miedo y desagrado.
Pero no es sólo el símbolo lingüístico lo que importa.
La voz conforma también un elemento fundamental en la capacidad persuasiva del verbo hablado.
El tono, el timbre, el ritmo, el volumen y la entonación de la voz transmiten a las demás personas significados no expresados verbalmente.
Podemos modular la voz a través de las inflexiones y los cambios en la entonación.
Vocalizar cuidadosamente las palabras,
Dar a las sílabas el énfasis requerido.
Y todo ello nos permite sugerir emociones tales como la ira, la sorpresa, o la felicidad.
La palabra es una poderosa herramienta pedagógica porque tiene la capacidad de cambiar los estados de ánimo de quienes la escuchan.
Y al hacerlo, puede dejar una firme impresión en ellos.
Nuestro mayor poder son los 28 signos del alfabeto.

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