viernes, 31 de mayo de 2013

Si juegas, aprendes

¿Por qué –me preguntaba hace unos días mi hija, mientras la llevaba en coche al colegio- puedo recordar tan bien las letras de las canciones que salen en la radio, y en cambio me cuesta tanto aprender lo que me enseñan en el colegio?
¡Buena pregunta!
También mi hijo, verdadero erudito en fútbol y cine, sus dos grandes aficiones, podría haberme preguntado algo parecido: ¿por qué soy una enciclopedia andante en materia futbolística y cinematográfica, mientras que mis profesores distan mucho de tener el mismo concepto de mí respecto a mis conocimientos en materias escolares?
Sin duda la respuesta a estas preguntas tiene que ver con el enfoque lúdico del aprendizaje.
Cuando las personas disfrutamos aprendiendo, nuestro aprendizaje resulta mucho más eficaz y duradero.
Y en estos casos, ni siquiera solemos ser conscientes del hecho de que estamos aprendiendo. Simplemente ese aprendizaje invisible se produce de forma natural mientras estamos divirtiéndonos, jugando, explorando o practicando nuestras actividades favoritas.
Tomando en consideración este hecho, ahora una nueva metodología de enseñanza, conocida como “juegos serios” o “gamificación” (traducción del inglés “gamification”), ha comenzado a irrumpir con fuerza mostrando su validez para la creación de programas de aprendizaje.
Pensemos que al fin y al cabo el gran fenómeno de la industria electrónica en la última década es el triunfo de la industria de juegos, capaz de captar la atención de los niños y jóvenes en un grado mayor de lo que podía esperar casi cualquier educador.
La industria del juego parece haber encontrado por fin una fórmula mágica para mantener a la gente aprendiendo día tras día.
Y un hecho asombroso en relación a los juegos es que por lo general, no se necesitan profesores ni tutores.
Los niños y adultos de todas las edades aprenden a jugar con algunos de los simuladores más sofisticados jamás vistos, y adquirieren habilidades espectaculares, sin la intervención de ningún profesor.
No cabe duda de que hay varias características pedagógicas fuertes en los juegos, pero débiles en la formación tradicional.
En la medida en que podamos aislar y aplicar estas características pedagógicas a los programas de aprendizaje, podremos  llevar a cabo un progreso pedagógico significativo.

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