jueves, 16 de mayo de 2013

Las consecuencias de una noche de pasión inolvidable


Si le regalamos a nuestra pareja una bonita y cara pieza de joyería, y ella nos premia con una noche de pasión inolvidable, es probable que la conducta consistente en regalar objetos caros e inútiles a nuestra pareja, quede reforzada y tienda a repetirse en el futuro.

Pero si nuestra pareja nos castiga llamándonos inconscientes, frívolos o derrochadores, entonces la probabilidad de que le volvamos a regalar agasajos finos e inservibles se verá seriamente mermada.


Siempre es así: lo que nos produce placer y bienestar, queda reforzado.

Lo que nos causa malestar y desagrado, queda relegado al cajón de conductas indeseables.

La mayor parte de nuestro aprendizaje se realiza a través de este mecanismo del refuerzo positivo o negativo.

El refuerzo positivo actúa a través de los circuitos neuronales del sistema dopamínico de gratificación cerebral, que es único para todo tipo de placeres.

Si algo estimula nuestro cerebro provocando la liberación de dopamina, desearemos volver a hacerlo.

Da igual si se trata de seguir jugando a la videoconsola, comer más cacahuetes salados, o volver a hacer el amor con nuestra atractiva vecina o vecino del quinto piso.

En todos los casos, quedaremos enganchados y buscaremos continuar obteniendo nuestro colocón de dopamina cerebral y otras drogas naturales, a través de la práctica de estas u otras actividades placenteras.

Este aprendizaje relacionado con el circuito de la motivación se desarrolla de acuerdo con la “ley del efecto hedónico”, enunciada por Edward Thorndike, que establece que la probabilidad de que una conducta ocurra depende de sus consecuencias.

Si a una conducta determinada le siguen consecuencias satisfactorias, la conducta quedará reforzada y su probabilidad de repetición futura se incrementará.

En caso contrario, si la conducta no produce consecuencias positivas, o aún más si es castigada, la probabilidad de ocurrencia futura de la conducta decrecerá.

Siempre es así: lo que nos produce placer y bienestar, queda reforzado.

Lo que nos causa malestar y desagrado, queda relegado al cajón de conductas indeseables.

De acuerdo con este programa que todos llevamos impreso en nuestro cerebro, las personas elegimos siempre el camino percibido de mayor placer y menor dolor, de acuerdo con los aprendizajes que vamos realizando.

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