martes, 28 de mayo de 2013

El poder de la sugestión a través de las expectativas


En un experimento de psicología social se probaron tres modos alternativos de condicionamiento de la conducta de alumnos de enseñanza secundaria en relación a una prueba matemática.

En un primer grupo se utilizaron frases aleccionadoras como “Tienes que hacer un buen examen de matemáticas”.

A los integrantes del segundo grupo se les dijo frases de refuerzo como “Estoy realmente contento con tus progresos”.

Finalmente, a los integrantes del tercer grupo se les trató de crear expectativas con frases como “Te sabes las matemáticas muy bien”.

Los mejores resultados se obtuvieron con este último grupo, a cuyos integrantes se les habían generado unas expectativas internas ante las que ellos respondieron tratando de ajustarse a las mismas.

Y es que la capacidad de generar expectativas conforma una de las formas de persuasión más efectivas que se pueden utilizar para moldear la conducta de los demás porque, en general, las personas tendemos a responder a dichas expectativas, tanto si son positivas como si son negativas.

En el mismo momento en que hacemos aparentes nuestras expectativas respecto a una persona, bien sea por medio del lenguaje verbal o mediante el lenguaje no verbal, producimos una influencia que puede modificar la conducta de dicha persona.

Si por ejemplo, etiquetamos a una persona mediante el adjetivo “inútil”, haremos que sea más probable que esta persona se comporte de un modo que concuerde con la calificación asignada. Y lo mismo sucederá si la calificamos como “eficiente”.

En general, siempre que atribuimos a otras personas una cualidad, utilizando frases como “Eres la clase de persona que…”, o “Siempre me ha impresionado tu capacidad para…”, estaremos utilizando una poderosa herramienta psicológica que inducirá a esas personas a comportarse de acuerdo al carácter que les hemos atribuido, en un intento de ser coherentes con el mismo.

Por eso, nuestros intentos de persuasión serán generalmente más eficaces si somos capaces de crear una sugestión adecuada en la mente de la otra persona, en lugar de intentar convencerle de un modo más convencional.

El éxito llama al éxito, del mismo modo que el fracaso llama al fracaso.

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