lunes, 27 de mayo de 2013

El caballo era un ciervo


El primer Emperador de China, Qin Shi Huang, murió por causas naturales a principios del siglo III A.C.

Su sucesor natural, su hijo Fu Su, debía tomar el relevo, pero tenía dos poderosos enemigos en palacio.

El principal consejero del emperador muerto, Li Si, y el eunuco jefe, Zhao Gao, sabían que no contaban con la simpatía del heredero y que su ascenso al poder podría significar su propia caída.

De modo que mantuvieron la muerte del Emperador en secreto y convencieron al príncipe Fu Su de que su padre quería que se suicidase.

El leal hijo obedeció y los dos conspiradores fabricaron un falso testamento del Emperador muerto, mediante el cual se nombraba al hijo más joven, Er Shi, como segundo Emperador de China.

El ambicioso Zhao Gao maniobró entonces para convertirse en el nuevo Primer Ministro y una de sus primeras decisiones fue deshacerse de su compañero de conspiración, Li Si, sentenciándole a la condena de “Las Cinco Penas”.

Esta condena, inventada por el propio Li Si, consistía en que a la víctima se le aplicaban estas cinco penas: primero se empezaba cortando la nariz, luego una mano, después un pie, a continuación se le castraba y finalmente se le cortaba en dos, seccionándole por la cintura.

Zhao Gao también mandó matar a toda la familia de Li Si hasta la tercera generación, para evitar posibles venganzas.

Zhao Gao tenía ahora todas las riendas del poder y en una ocasión quiso asegurarse de la lealtad de los oficiales de palacio.

Hizo traer un ciervo ante la presencia del Emperador Er Shi y le dijo: “Su majestad, aquí le entrego un maravilloso caballo que espero sea de su agrado”.

El Emperador dudó un momento pero después le dijo que eso no era un caballo, sino un ciervo, pensando que Zhao estaba bromeando.

Entonces Zhao preguntó a los demás súbditos si el animal que tenían enfrente era un caballo o un ciervo.

Aquellos que eran partidarios de Zhao Gao contestaron con seguridad que era un caballo. Pero los que no lo eran, dijeron que era un ciervo.

A continuación Zhao hizo matar a todos los súbditos y oficiales que se habían negado a llamar caballo al ciervo.

Mientras tanto habían comenzado a estallar revueltas por todo el país y temiendo que el Emperador le culpase por ello, Zhao le obligó a suicidarse, y nombró como sucesor a su sobrino Ziying.

Esta vez la jugada le salió mal, pues el nuevo Emperador Ziying inmediatamente hizo matar a Zhao.

Poco después el palacio imperial fue tomado y la dinastía imperial desapareció, apenas tres años después de la muerte del primer Emperador.

De estos convulsos hechos históricos que se remontan a los orígenes de la formación de China, la anécdota del caballo que en realidad era un ciervo, ha quedado grabada como símbolo de la forma como a veces opera la conformidad social.

Es decir, el grado en que muchas veces los miembros de un grupo social cambian su comportamiento, opiniones, actitudes e incluso su interpretación de los hechos más evidentes, para hacerlos encajar con las opiniones del grupo, debido a una serie de motivaciones que han sido bien estudiadas en psicología.

La conformidad social puede ser una influencia negativa, especialmente por lo que puede suponer de pérdida del sentido de autonomía individual e independencia del pensamiento de los miembros del grupo.

Pero también puede ser utilizada de forma positiva como una herramienta efectiva en el marco de programas formativos que busquen modificar determinados aspectos de las conductas de los individuos.

Muchas veces resulta más efectivo dirigirse al grupo en su totalidad, que dirigirse a cada una de las personas que lo conforman de forma aislada.

A veces incluso basta con informar a las personas sobre otras personas que han atravesado problemas similares a los suyos y han conseguido superarlos, para ayudar a los primeros a superar también sus propios problemas.

Por ejemplo, en una investigación realizada en una universidad americana se analizaron las notas obtenidas por los estudiantes recientemente incorporados a la universidad.

Se dividió a aquellos estudiantes que peores notas habían obtenido en dos grupos.

Con los integrantes del primer grupo, se realizaron entrevistas personales en las que se les mostraron que otras personas en sus mismas condiciones también habían obtenido malas calificaciones en su primer semestre de incorporación a la universidad, debido a la novedad e incertidumbre que se produce en esta primera etapa. Pero se les explicó que, después, estos estudiantes habían conseguido obtener puntuaciones mucho mejores en el segundo semestre.

Al segundo grupo de estudiantes con malas notas no se les dijo nada.

Al finalizar el año, se comprobó que aquellos estudiantes a los cuales se les había mostrado la progresión positiva de otros alumnos, consiguieron notas muy superiores a los del grupo a quienes no se les había dicho nada.

Y más aún, estos estudiantes siguieron manteniendo notas superiores al otro grupo durante todo el resto de su carrera universitaria.

Como vemos, la influencia de los demás puede conformar un poderoso mecanismo para producir cambios en las conductas de las personas.

El equilibrio está entre la autonomía y la integración.


Artículos relacionados:

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada