
La frase, además de cruel, es inexacta, porque los suizos
no inventaron el reloj de cuco –lo hizo un alemán-. Pero responde a la vieja
idea del griego Heráclito cuando defendía que “La guerra, la contradicción y la discordia están en el origen de todas
las cosas”.
Y puede que tuviese su parte de razón. A menudo, las
ideas geniales surgen del cuestionamiento y la contradicción, y no de la
armonía y el consenso.
Veamos por ejemplo lo que sucede con las famosas sesiones
de brainstorming.
La técnica del brainstorming o tormenta de ideas fue
ideada en 1938 por Alex Osborn cuando, en su búsqueda de ideas creativas, llegó
a la conclusión de que un proceso interactivo de grupo no estructurado generaba
más y mejores ideas que las que los individuos podían producir trabajando de
forma independiente –idea en sí misma dudosa y que requiere múltiples
matizaciones, como han demostrado más de 20 estudios.
Osborn propuso una serie de reglas para el desarrollo de
las sesiones de brainstorming que, la mayoría de las veces, son aceptadas sin examinarlas
y sin que, en realidad, se apoyen en ninguna base empírica que apoye su
validez.
La principal regla del método es aplazar el juicio, ya
que en un principio se considera que toda idea es válida y ninguna debe ser
rechazada. Así que durante el proceso queda absolutamente prohibido a los
participantes criticar las ideas propuestas por otros compañeros. Todas las
ideas, por locas o descabelladas que parezcan, deben quedar anotadas –aunque en
una fase posterior se sometan a un filtrado para la selección de la “idea
ganadora”.
Sin embargo, múltiples estudios recientes cuestionan la
validez de las reglas propuestas por Osborn, todavía hoy ampliamente aceptadas
y utilizadas en las organizaciones.
Para empezar, estos estudios han encontrado que, contrariamente
a la suposición de Osborn, la participación de muchas personas en las sesiones
de brainstroming no mejora su efectividad, sino que la deteriora.
Así, frente a la recomendación generalizada de que en
este tipo de procesos participen entre 8 y 10 personas, los estudios muestran
que la productividad de las sesiones decrece si participan más de 2 o 3
personas.
Pero las principales objeciones a las reglas de Osborn se
refieren a la idea de que cuando brotan las ideas, no se debe permitir ningún
comentario crítico, y que lo importante en el estadio inicial es generar muchas
ideas. Como mínimo se suele pedir 50 ideas, aunque se considera que es mucho
mejor generar 100 ideas.
Los estudios muestran que, en realidad, los mejores
resultados se obtienen cuando los participantes son animados a debatir cada
idea que se formula, incluso a criticarla abiertamente.
Resulta que la crítica no inhibe las ideas sino que, por
el contrario, las incita y estimula.
La armonía y la amabilidad pueden resultar
contraproducentes.
Son la libertad para debatir y criticar abiertamente, para
disentir, para romper las reglas, para expresarse sin restricciones, incluso para
atreverse a hacer lo prohibido, lo que parece convertir a las sesiones de
brainstorming en una herramienta eficaz para generar soluciones creativas.
Los estudios cuestionan también la idea de que el propio
proceso de brainstorming deba finalizar siempre con la elección de una idea
ganadora, una vez que se somete a filtrado todas las ideas inicialmente puestas
sobre la mesa.
En realidad, estos estudios indican que posiblemente el
principal valor de las sesiones de brainstorming sea el intercambio de ideas y
el estímulo que genera en los participantes, aunque el proceso de decisión se
aplace.
Los participantes a menudo reflexionan después de la
finalización de la sesión de brainstroming, posiblemente estimulados por este
proceso, y pueden formular nuevas ideas que no presentaron durante la sesión.
Pueden también recabar más información, contrastar los
puntos de vista aportados por los demás participantes, profundizar en las
cuestiones debatidas.
Un último hallazgo de los estudios es que las sesiones
virtuales de brainstroming a través de medios electrónicos, pueden ser tan
valiosas o más que las sesiones mantenidas cara a cara, ya que evitan ciertos
bloqueos que pueden producirse durante las sesiones físicas.
En definitiva, las sesiones de brainstorming pueden ser
una valiosa herramienta para la generación de soluciones creativas, para el
intercambio de ideas y para compartir el conocimiento en las organizaciones,
siempre que se aborden desde una perspectiva amplia y sin sujeción a reglas
arbitrarias carentes de fundamento.
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