
En especial,
tuvieron que tener primero un objetivo, un
propósito, una pasión que guiase sus esfuerzos y acciones en una determinada
dirección.
Tuvieron también que pasar necesariamente por un largo proceso de aprendizaje, adquisición de conocimientos,
práctica y experiencia.
Abordaron este esfuerzo de un modo deliberado,
resistiéndose a estancarse en sus zonas de
comodidad y buscando siempre intentar seguir mejorando cada pequeño detalle de
su ejecución.
Observamos también que casi siempre
los genios se han caracterizado por una actitud de audacia intelectual,
atreviéndose a mirar los problemas desde un punto de vista divergente, redefiniéndolos
para encontrar nuevas soluciones flexibles y originales.
Para ser capaces de lanzar esta mirada nueva y creativa a
los problemas, la genialidad requiere casi siempre dejar obrar al cerebro
inconsciente, ya que la mayoría de los problemas son demasiado complejos para
poder ser abordados eficazmente mediante la memoria operativa, que es operada
por el cerebro consciente.
Se necesita ser capaz de utilizar las zonas cerebrales de
almacenamiento de recuerdos a largo plazo para incrementar de forma
extraordinaria la capacidad de computación a corto plazo.
Pero el cerebro normalmente sólo encontrará
esta capacidad para fluir con penetración y agudeza cuando su nivel de energía se
encuentre en un punto suficientemente elevado.
Sólo entonces será capaz de reorganizar los datos e informaciones originales para crear
nuevas asociaciones que lleven a un conocimiento nuevo y que hasta entonces no
había sido evidente.
Numerosos estudios han relacionado el nivel de energía, y
consiguientemente la capacidad creativa, con el nivel de dopamina en el
cerebro.
La dopamina
es el neurotransmisor clave en el sistema motivacional.
Cuando sus
niveles se elevan, las experiencias emocionales se agudizan y nos sentimos activos, briosos, con la mente iluminada.
Cuando sus niveles descienden, nos sentimos embotados, aturdidos, apagados, adormecidos y nos cuesta entender o
vislumbrar incluso lo que parece obvio.
Por supuesto, la dopamina
es también la droga natural de la euforia, y todos sabemos los riesgos que
puede llegar a entrañar si no somos capaces de controlarla adecuadamente.
En realidad, la clave
para alcanzar los momentos cumbre sostenidos de genialidad y lucidez consiste
en la adecuada combinación de calma y motivación, de energía y control.
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